

El Milagro de
la Vista
Rabbai Moshe
y Akiva

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Por: Alvaro Eliyahu
BaYona
AKIVA.- Rabbai Moshe: Quiero contarle un cuento muy
bonito que le escuché a mi Rabino Yishroel Gottlieb este
Shabbat en la Sinagoga. Pero antes quiero que usted me
enseñe por qué nuestros maestros nos dicen que los padres de
Moisés se habían separado?
RABBAI. MOSHE.- Que bueno que tengas algo bueno para
contarme, Akiva. Respecto a tu inquietud, de acuerdo al
Talmud, Amram, era el líder espiritual de Israel en Egipto.
El era descendiente de Levi. Amram se había casado con
Jocabed también de la tribu de Levi conforme manda el
mandamiento. Ellos habían tenido una hija llamada Miriam y
un varoncito llamado Aarón. Cuando Faraón se puso difícil y
quería exterminar poco a poco a los judíos, ordenó, como tu
sabes, trabajos forzados para los judíos; luego ordenó que
todos los hijos que nacieran varones los echaran a su dios
Nilo, el río que baña a Egipto, mientras que las niñas las
conservaran.
Cuando
la pequeña niña Miriam se enteró que sus padres se separaron
para evitar tener hijos y no ser tirados al río, se
entristeció y les reclamó su proceder y les dijo que ellos
eran peores que el Faraón porque el decreto de Faraón
impedía que vinieran hijos varones al mundo, pero el decreto
de sus padres impedía que no solo vinieran hijos varones
sino niñas también. Así, esta niña de seis años les dio
coraje y valor a sus padres para que cumplieran con el
mandamiento de Dios de procrear y cubrir la tierra con los
hijos. En este momento había nacido también Aarón pero
Miriam, como profetisa veía que del linaje de su casa
vendría un salvador de Israel y no se podía impedir cumplir
con los decretos de Dios. Así fue que sus padres se
volvieron a casar y tuvieron a escondidas al pequeño Moisés.
Ahora cuéntame tu historia de la sinagoga...
AKIVA.- Gracias por la explicación Rabbai Moshe; es
muy interesante y esa actitud de la pequeña Miriam es la que
le dio vida a una pequeña niña judía de por aquí. De Long
Island, Nueva York. Esta pequeña jovencita de 8 años de edad
gustaba de hacer buenas obras y ayudar a sus compañeritas en
su escuela. Era la líder de su clase. Un día salió de sus
clases y en la calle se encontró con una anciana judía ciega
que repetía, "de aquí a dos años, de aquí a dos años". La
niña trató de seguir de largo pero las insistentes palabras
de la anciana la hicieron regresar a la mujer y le preguntó:
-De
aquí a dos años qué, señora?
La
anciana le respondió: "Esto no es contigo muchachita, sigue
tu camino". Pero la niña no se contentó con la orden que le
dio la anciana sino que le insistió a qué se debían sus
palabras. La mujer entonces le dice que ella es ciega y que
esperaba que de aquí a dos años ella esperaba poder ver con
sus ojos ya que había conocido que existía una operación que
si se la practicaban a ella podría recuperar su visión. El
problema era que el costo de la operación era muy elevado.
La
niña se entristeció un poco porque no se disponía del dinero
para la operación. Sabiendo donde encontraba siempre a esta
anciana sentada en las bancas publicas de su ciudad, cerca a
su escuela, decidió entonces tocar las puertas de cada uno
de los salones de su escuela. Pidió permiso para pedir ayuda
a sus compañeros de primero de primaria, segundo, tercero,
cuarto, quinto y recogió algún dinero. Fue a su casa y
destapó su marranita en donde tenia guardados sus ahorros
que le habían dado en varias Janucas de años anteriores.
Decidida a conseguir su objetivo con todo su dinero junto
corrió a donde la anciana se encontraba y ambas se
dirigieron a la clínica cercana. Buscaron por un medico
oftalmólogo.
La
niña le dijo al Doctor que quería que le operaran ahora
mismo a su amiga que no podía ver. El médico le explicó que
no era así de fácil, que era necesario hacerle primero unos
exámenes, tratando de quitársela de encima. La niña le dijo
que estaba de acuerdo, que procediera con los exámenes
que ellas iban a pagar. El medico le insistió que no se
podía hacer ese mismo día sino otro día. La niña le aceptó y
le dijo entonces que le dieran cita para el día siguiente.
El medico le dijo estaba bien pero que la operación no era
sencilla y que costaba mucho dinero. La niña le dijo que no
se preocupara que ellas tenían todo el dinero para la
operación. La niña entonces sacó un sobre en el cual había
metido todos los billetes arrugados y viejos así como
monedas de diez y veinticinco centavos de dólar. Todo eso
hacía un pequeño bulto en ese sobre.
El
medico entonces, viendo la insistencia de la niña aceptó su
sobre con el dinero y le dio cita a la anciana. Se le
practicó la operación y la anciana recupero su visión y la
niña se puso muy contenta. La noticia se regó por el barrio
y el padre de la niña se entero del asunto y se sintió
avergonzado de pensar que su hija lo había comprometido con
una deuda que para el era imposible de pagar. El padre
entonces corrió hacia el consultorio del medico y todo
apenado le explicó: "Doctor, yo se lo que mi hija vino a
hacer aquí y yo no se como lo hizo, pero yo le aseguro a
usted que de alguna manera yo le pago a usted ese dinero.
Solo le pido que me deje pagárselo en cómodas cuotas
mensuales porque soy un trabajador y me demoro mucho en
terminar de pagárselo".
El
medico conmovido por la situación le explicó al padre de la
niña:
-
Señor, su hija me ha dado una gran lección de fe. No se
preocupe que ella ya me pago todo el dinero necesario de la
operación, usted no me debe nada. Mire, aquí esta el sobre
con todo el dinero que ella me pagó. Quiere saber cuánto hay
allí? Son 83 dólares con cincuenta centavos. Nunca voy a
apartar del bolsillo de mi saco este sobre, porque esta es
la fe que muchas veces yo voy a necesitar para poder
realizar mis operaciones.
RABBAI
MOSHE.- Oh, que linda historia, Akiva. Me has conmovido...
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