| # | Hebreo | Transliteración | Español |
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| 1 | לְדָוִ֗ד מִ֫זְמ֥וֹר חֶֽסֶד־וּמִשְׁפָּ֥ט אָשִׁ֑ירָה לְךָ֖ יְהוָ֣ה אֲזַמֵּֽרָה׃ | LeDavíd mizmór. Jésed-umishpát ashíraj, lejá Adonái azamméraj. | De David. Salmo. La misericordia y la justicia cantaré; a Ti, oh Adonai, salmearé. |
| 2 | אַשְׂכִּ֨ילָה ׀ בְּדֶ֬רֶךְ תָּמִ֗ים מָ֭תַי תָּב֣וֹא אֵלָ֑י אֶתְהַלֵּ֥ךְ בְּתָם־לְ֝בָבִ֗י בְּקֶ֣רֶב בֵּיתִֽי׃ | Askiláj bedérej tamím, matái tavó elái, etjalléj betam-levaví bekérev beití. | Andaré sabiamente en el camino de la integridad. ¿Cuándo vendrás a mí? En la integridad de mi corazón caminaré en medio de mi casa. |
| 3 | לֹֽא־אָשִׁ֨ית ׀ לְנֶ֥גֶד עֵינַ֗י דְּבַ֫ר־בְּלִיָּ֥עַל עֲשֹֽׂה־סֵטִ֥ים שָׂנֵ֑אתִי לֹ֖א יִדְבַּ֣ק בִּֽי׃ | Lo-ashít lenéged einái dvár-beliyyáal, asōh-setím sanétiy, ló yidbáq bí. | No pondré delante de mis ojos cosa indigna; aborrezco la obra de los que se desvían; nada de ello se pegará a mí. |
| 4 | לֵבָ֥ב עִקֵּ֗שׁ יָס֥וּר מִמֶּ֑נִּי רָ֝֗ע לֹ֣א אֵדָֽע׃ | Leváv iqqésh yasúr mimménni, rá ló edá. | El corazón perverso se apartará de mí; no conoceré el mal. |
| 5 | מְלָשְׁנִ֨י בַסֵּ֜תֶר רֵעֵ֗הוּ אוֹת֥וֹ אַצְמִ֑ית גְּבַֽהּ־עֵינַ֨יִם וּרְחַ֥ב לֵ֝בָב אֹת֥וֹ לֹ֥א אוּכָֽל׃ | Melashní vasséter reéhu otó atzmít, gevahh-eináyim urjáv leváv otó ló ujál. | Al que secretamente difama a su prójimo, Yo lo destruiré; al de ojos altivos y corazón soberbio, no lo soportaré. |
| 6 | עֵינַי֮ בְּנֶאֶמְנֵי־אֶ֗רֶץ לָשֶׁ֥בֶת עִמָּדִ֑י הֹ֘לֵ֤ךְ בְּדֶ֣רֶךְ תָּ֝מִ֗ים ה֤וּא יְשָׁרְתֵֽנִי׃ | Einái bneemnei-áretz lashévet immadí, holéj bedérej tamím hú yesharténi. | Mis ojos estarán sobre los fieles de la tierra, para que habiten conmigo; el que anda en el camino de la integridad, él me servirá. |
| 7 | לֹֽא־יֵשֵׁ֨ב ׀ בְּקֶ֥רֶב בֵּיתִ֗י עֹשֵׂ֥ה רְמִיָּ֑ה דֹּבֵ֥ר שְׁקָרִ֓ים ׀ לֹֽא־יִכּ֖וֹן לְנֶ֥גֶד עֵינָֽי׃ | Lo-yeshév bekérev beití oséh remiyyjáh, dovér shekarím ló-yikkón lenéged einái. | No habitará dentro de mi casa el que actúa con engaño; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos. |
| 8 | לַבְּקָרִ֗ים אַצְמִ֥ית כָּל־רִשְׁעֵי־אָ֑רֶץ לְהַכְרִ֥ית מֵעִֽיר־יְ֝הוָה כָּל־פֹּ֥עֲלֵי אָֽוֶn׃ | Labqarım atzmıt kol-rish’ei-áretz, lejajrıt meır-Adonaı kol-póalei áven. | Cada mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, para extirpar de la ciudad de Adonai a todos los que hacen iniquidad. |
Comentario breve
El Salmo 101 es un bellísimo manifiesto ético y gubernamental atribuido directamente al rey David (LeDavíd mizmór). Conocido tradicionalmente como el "espejo de los gobernantes", este poema describe el código de conducta moral intransigente que el monarca se autoimpone tanto en su vida privada ("en medio de mi casa") como en la administración del reino ("la ciudad de Adonai"). David entrelaza los atributos de misericordia y justicia como ejes de su canto, comprometiéndose a apartar de su mirada y de su corte todo rastro de perversidad, calumnia, arrogancia y falsedad. En contraposición, declara que sus ojos buscarán activamente a los fieles y honestos de la tierra para que sean sus servidores y consejeros. El salmo concluye con una severa advertencia judicial de limpieza diaria contra la corrupción, recordándonos que la rectitud institucional y la pureza en el liderazgo son requisitos indispensables para salvaguardar la santidad del espacio comunitario.