| # | Hebreo | Transliteración | Español |
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| 1 | בְּצֵ֥את יִשְׂרָאֵ֖ל מִמִּצְרָ֑יִם בֵּ֥ית יַעֲקֹ֖ב מֵעַ֥ם לֹעֵֽז׃ | Betzét Yisraél miMitzráyim, bét Yaakóv meám loéz. | Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Jacob de un pueblo de lengua extraña, |
| 2 | הָיְתָ֨ה יְהוּדָ֜ה לְקָדְשׁ֗וֹ יִשְׂרָאֵ֥ל מַמְשְׁלוֹתָֽיו׃ | Hayetáh Yehudáh lekodshó, Yisraél mamshilotáv. | Judá vino a ser Su santuario, e Israel Su dominio. |
| 3 | הַיָּ֣ם רָאָ֣ה וַיָּנֹ֑ס הַיַּרְדֵּ֖ן יִסֹּ֥ב לְאָחֽוֹר׃ | Hayyám raáh vayyanós, hayYardén yissób leajór. | El mar lo vio y huyó; el Jordán se volvió atrás. |
| 4 | הֶהָרִ֥ים רָקְד֨וּ כְאֵילִ֑ים גְּבָע֖וֹת כִּבְנֵי־צֹ֥אן׃ | Hejarím raqedú jeeilím, guevaót jivnéi-tzón. | Los montes saltaron como carneros, los collados como corderitos. |
| 5 | מַה־לְּךָ֣ הַיָּם֮ כִּ֣י תָנ֑וּס הַיַּרְדֵּ֖ן תִּסֹּ֥ב לְאָחֽוֹר׃ | Mah-llĕjá hayyám ki tanús, hayYardén tissób leajór? | ¿Qué tuviste, oh mar, para que huyeras? ¿Y tú, oh Jordán, para que te volvieras atrás? |
| 6 | הֶֽהָרִים֮ תִּרְקְד֣וּ כְאֵילִ֑ים גְּבָע֖וֹת כִּבְנֵי־צֹ֥אן׃ | Hejarím tirqedú jeeilím, guevaót jivnéi-tzón? | ¿Oh montes, para que saltarais como carneros, y vosotros, collados, como corderitos? |
| 7 | מִלִּפְנֵ֣י אָ֭דוֹן ח֢וּלִי אָ֑רֶץ מִ֝לִּפְנֵ֗י אֱל֥וֹהַּ יַעֲקֹֽב׃ | Millifnéi Adón júliy áretz, millifnéi Elóah Yaakóv. | Delante del Señor tiembla, oh tierra, delante del Dios de Jacob, |
| 8 | הַהֹפְכִ֣י הַצּוּר֮ אֲגַם־מָ֑יִם חַ֝לָּמִ֗ישׁ לְמַעְיְנוֹ־מָֽיִם׃ | Hajofjí hatzzúr agám-máyim, jallamísh lemaynó-máyim. | El cual transformó la peña en estanque de aguas, y el pedernal en manantial de aguas. |
Comentario breve
El Salmo 114 es el segundo componente del **Halél** y una de las composiciones más dinámicas, rítmicas y visuales de todo Tehilim. El poema rememora el magno acontecimiento de la salida de Egipto (Yetzíat Mitzráyim) y la travesía hacia la Tierra Prometida, utilizando vívidas personificaciones de los elementos de la naturaleza. El mar, el río Jordán, las montañas y los collados son descritos reaccionando con asombro y reverencia absoluta ante la presencia del Creador y la consagración de Israel como Su espacio sagrado. El salmista no apela a explicaciones mitológicas, sino a la soberanía del Dios de Jacob, cuya fuerza providencial es capaz de alterar las leyes físicas del cosmos, transformando la roca más árida en manantiales de agua viva para sustentar a Su pueblo.