| # | Hebreo | Transliteración | Español |
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| 1 | לֹ֘א לָ֤נוּ יְהוָ֨ה ׀ לֹ֥א לָ֗נוּ כִּֽי־לְ֭שִׁמְךָ תֵּ֣ן כָּב֑וֹד עַל־חַ֝סְדְּךָ_ עַל־אֲמִתֶּֽךָ׃ | Lo lánu Adonái lo lánu, ki-leshímja tén kavód, al-jasdejá al-amittéja. | No a nosotros, oh Adonai, no a nosotros, sino a Tu Nombre da gloria, por Tu misericordia, por Tu verdad. |
| 2 | לָ֭מָּה יֹאמְר֣וּ הַגּוֹיִ֑ם אַיֵּה־נָ֝֗א אֱלֹהֵיהֶֽם׃ | Lámmah yomrú haggoyím: ayyéh-ná Elohéihem? | ¿Por qué han de decir las naciones: «¿Dónde está ahora su Dios?»? |
| 3 | וֵאלֹהֵ֨ינוּ בַשָּׁמָ֑יִם כֹּ֘ה_ אֲשֶׁר־חָפֵ֥ץ עָשָֽׂה׃ | V'Elohéinu vashamáyim, kōl ashér-jafétz asáh. | Mas nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho. |
| 4 | עֲ֭צַבֵּיהֶם כֶּ֣סֶף וְזָהָ֑ב מַ֝עֲשֵׂ֗ה יְדֵ֣י אָדָֽם׃ | Atzabbeihem késef vezaháv, maaséh yedéi adám. | Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. |
| 5 | פֶּֽה־לָ֭הֶם וְלֹ֣א יְדַבֵּ֑רוּ עֵינַ֥יִם לָ֝הֶ֗ם וְלֹ֥א יִרְאֽוּ׃ | Peh-lahém veló yedabbéru, eináyim lahém veló yir'ú. | Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; |
| 6 | אָזְנַ֣יִם לָ֭הֶם וְלֹ֣א יִשְׁמָ֑עוּ אַ֥ף לָ֝הֶ֗ם וְלֹ֥א יְרִיחֽוּ׃ | Oznáyim lahém veló yishmáu, áf lahém veló yerijún. | orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; |
| 7 | יְדֵיהֶם_ וְלֹ֣א יְמִישׁ֗וּן רַ֭גְלֵיהֶם וְלֹ֣א יְהַלֵּ֑כוּ לֹא־יֶ֝הְגּ֗וּ בִּגְרוֹנָֽם׃ | Yedeihem veló yemishún, ragleihem veló yejalléju, ló-yehgú bigronám. | manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no emiten sonido con su garganta. |
| 8 | כְּמוֹהֶם_ יִהְי֣וּ עֹשֵׂיהֶ֑ם כֹּ֘ה_ אֲשֶׁר־בֹּטֵ֥חַ בָּהֶֽם׃ | Kemohem yihyú oséihem, kōl ashér-bōṭéaj bahém. | Como ellos son los que los hacen, todos los que confían en ellos. |
| 9 | יִשְׂרָאֵל֮ בְּטַ֣ח בַּיהוָ֥ה עֶזְרָ֥ם וּמָגִנָּ֥ם הֽוּא׃ | Yisraél beṭaj b'Adonái; ezrám umaguinnám hú. | Oh Israel, confía en Adonai; Él es su ayuda y su escudo. |
| 10 | בֵּ֣ית אַהֲרֹ֭ן בִּטְח֣וּ בַיהוָ֑ה עֶזְרָ֥ם וּמָגִנָּ֥ם הֽוּא׃ | Bét Aharón biṭjú v'Adonái; ezrám umaguinnám hú. | Casa de Aarón, confiad en Adonai; Él es su ayuda y su escudo. |
| 11 | יִרְאֵ֣י יְ֭הוָה בִּטְח֣וּ בַיהוָ֑ה עֶזְרָ֥ם וּמָגִנָּ֥ם הֽוּא׃ | Yirei Adonái biṭjú v'Adonái; ezrám umaguinnám hú. | Los que teméis a Adonai, confiad en Adonai; Él es su ayuda y su escudo. |
| 12 | יְהוָה֮ זְכָרָ֪נוּ יְבָ֫רֵ֥ךְ יְבָרֵךְ_ אֶת־בֵּ֣ית יִשְׂרָאֵ֑ל יְ֝בָרֵ֗ךְ אֶת־בֵּ֥ית אַהֲרֹֽן׃ | Adonái zejaránu yevaréj; yevaréj et-bét Yisraél, yevaréj et-bét Aharón. | Adonai se ha acordado de nosotros, Él bendeciría; bendecirá a la casa de Israel, bendecirá a la casa de Aarón. |
| 13 | יְ֭בָרֵךְ יִרְאֵ֣i יְהוָ֑ה הַ֝קְּטַנִּ֗ים עִם־הַגְּדֹלִֽים׃ | Yevaréj yirei Adonái, haqtanním im-haggdolím. | Bendecirá a los que temen a Adonai, a los pequeños junto con los grandes. |
| 14 | יֹסֵ֥ף יְהוָ֖ה עֲלֵיכֶ֑ם עֲלֵיכֶ֖ם וְעַל־בְּנֵיכֶֽם׃ | Yoséf Adonái aleijém, aleijém veal-bneijém. | Aumente Adonai bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos. |
| 15 | בְּרוּכִ֥ים אַתֶּ֖ם לַיהוָ֑ה עֹ֝שֵׂ֗ה שָׁמַ֥יִms וָאָֽרֶץ׃ | Berujím attém l'Adonái, oséh shamáyim vaáretz. | Benditos sois vosotros de Adonai, que hizo los cielos y la tierra. |
| 16 | הַשָּׁמַ֣יִms שָׁ֭מַיִם לַיהוָ֑ה וְ֝הָאָ֗רֶץ נָתַ֥ן לִבְנֵי־אָדָֽם׃ | Hashamáyim shamáyim l'Adonái, vejááretz natán livnei-adám. | Los cielos son los cielos de Adonai; y la tierra ha dado a los hijos de los hombres. |
| 17 | לֹ֣א הַ֭מֵּתִים יְהַלְלוּ־יָ֑הּ וְ֝לֹ֗א כָּל־יֹרְדֵ֥i דוּמָֽה׃ | Lo jammētím yejallelu-Yáh, veló kol-yōrdei dumáh. | No alabarán los muertos a Yah, ni ninguno de los que descienden al silencio. |
| 18 | וַאֲנַ֭חְנוּ נְבָרֵ֣ךְ יָ֑הּ מֵֽעַתָּ֥ה וְעַד־עוֹלָ֗ם הַֽלְלוּ־יָֽהּ׃ | Vaanájnu nevaréj Yáh, meatáh veád-olám. Halelú-Yáh. | Pero nosotros bendeciremos a Yah desde ahora y para siempre. ¡Haleluyah! |
Comentario breve
El Salmo 115, integrado litúrgicamente en el orden continuo del **Halél**, constituye un poderoso manifiesto de fe monoteísta que traza una línea divisoria absoluta entre la soberanía del Dios vivo de Israel y la vacuidad inerte de los cultos idolátricos de las naciones vecinas. El poema abre descentrando por completo el orgullo humano ("no a nosotros, sino a Tu Nombre da gloria"), fundamentando la devoción en los atributos de misericordia y verdad. Con una ironía poética mordaz y brillante, el salmista describe la anatomía muerta de los ídolos de plata y oro: artefactos con ojos que no ven, orejas que no oyen y pies que no caminan, advirtiendo que quienes confían en ellos terminan adquiriendo su misma rigidez espiritual e invalidez existencial. En contraposición, el texto articula una triple exhortación comunitaria que convoca a todo Israel, a la dinastía sacerdotal (Casa de Aarón) y a los temerosos de Adonai a refugiarse en la Confianza Divina, asegurando que el Creador de los cielos y de la tierra derramará Su bendición multiplicadora de forma intergeneracional sobre Sus siervos, quienes sostienen el deber ético de santificar Su Nombre en el plano de la vida.