| # | Hebreo | Transliteración | Español |
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| 1 | שִׁ֗יר הַֽמַּעֲל֫וֹת לִשְׁלֹמֹ֥ה אִם-יְהוָה֮ לֹא-יִבְנֶ֪ה בַ֫יִת֮ לֹא-עָמְל֪וּ בוֹנָ֫יו בּ֥וֹ אִם-יְהוָה֮ לֹא-יִשְׁמָר-עִ֪יר לֹא-שָׁ֫וְא שָׁקַ֥ד שׁוֹמֵֽר׃ | Shír hammaalót lishlomó. Im-Adonái ló-yivnéh váyit, ló-amrú vonáv vó; im-Adonái ló-yishmór-ír, ló-sháv shaqád shomér. | Cántico de los Ascensos. De Salomón. Si Adonai no edificare la casa, en vano trabajan sus edificadores; si Adonai no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. |
| 2 | שָׁ֤וְא לָכֶ֨ם ׀ מַשְׁכִּ֥ימֵי ק,וּם֮ מְאַחֲרֵי-שֶׁ֪בֶת אֹ֫כְלֵ֥י לֶ֣חֶם הָעֲצָבִ֑ים כֵּ֥ן יִתֵּ֖ן לִֽידִיד֣וֹ שֵׁנָֽא׃ | Sháv lajém mashkiméi qum, meajaréi-shévét ojléi léjem haatzavím, kén yittén liyididó sheiná. | Por demás os es levantaros de madrugada, y tarde reposar, y comer pan de dolores; pues que a Su amado dará el sueño. |
| 3 | הִנֵּ֤ה נַחֲלַ֣ת יְהוָ֣ה בָּנִ֑ים שָׂכָ֖ר פְּרִ֣י הַבָּֽטֶן׃ | Hinnéh najalát Adonái baním, sájár perí habbáṭen. | He aquí, herencia de Adonai son los hijos; recompensa es el fruto del vientre. |
| 4 | כְּחִצִּ֣ים בְּיַד-גִּבּ֑וֹר כֵּ֝֗ן בְּנֵ֣י הַנְּעוּרִֽים׃ | Kejitzzím beyád-guibbór, kén benéi hanneúrím. | Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. |
| 5 | אַשְׁרֵ֤י הַגֶּ֨בֶר ׀ אֲשֶׁר-מִלֵּ֥א אֶת-אַשְׁפָּת֖וֹ מֵהֶ֑ם לֹא-יֵבֹ֥שׁוּ כִּֽי-יְדַבְּר֥וּ אֶת-אוֹיְבִ֥ים בַּשָּֽׁעַר׃ | Ashréi haguéver ashér-millé et-ashpató mehém; ló-yevóshu ki-yedabbéru et-oyevím bashsháar. | Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta. |
Comentario breve
El Salmo 127 es una pieza maestra de sabiduría que nos recuerda la centralidad de la soberanía divina en los esfuerzos humanos. Atribuido a Salomón, el salmo comienza con una advertencia contra el activismo desmedido que ignora la Fuente de toda edificación y vigilancia. No es que el esfuerzo humano sea innecesario, sino que sin la impronta de Adonai, cualquier labor —ya sea la construcción de una casa o la protección de una ciudad— carece de fundamento real. El salmista critica el "pan de dolores" (léjem haatzavím), esa ansiedad que nos hace madrugar y trasnochar como si el éxito dependiera exclusivamente de nuestra fatiga. La respuesta a esta ansiedad es el descanso profundo que Adonai concede a sus "amados" (yididó). En la segunda parte, el enfoque cambia del trabajo a la familia, describiendo a los hijos como una "herencia de Adonai" y "saetas" que el padre lanza hacia el futuro. El "hombre bienaventurado" es aquel que, al tener una descendencia que lo apoya, puede enfrentar las disputas y desafíos sociales —la "puerta" era el lugar donde se resolvían los litigios— sin temor a ser avergonzado, pues cuenta con el respaldo y la protección de su estirpe.