shalomhaverim.org
Volver al Índice
Tehilim 127 / Salmo 127
#HebreoTransliteraciónEspañol
1שִׁ֗יר הַֽמַּעֲל֫וֹת לִשְׁלֹמֹ֥ה אִם-יְהוָה֮ לֹא-יִבְנֶ֪ה בַ֫יִת֮ לֹא-עָמְל֪וּ בוֹנָ֫יו בּ֥וֹ אִם-יְהוָה֮ לֹא-יִשְׁמָר-עִ֪יר לֹא-שָׁ֫וְא שָׁקַ֥ד שׁוֹמֵֽר׃Shír hammaalót lishlomó. Im-Adonái ló-yivnéh váyit, ló-amrú vonáv vó; im-Adonái ló-yishmór-ír, ló-sháv shaqád shomér.Cántico de los Ascensos. De Salomón. Si Adonai no edificare la casa, en vano trabajan sus edificadores; si Adonai no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.
2שָׁ֤וְא לָכֶ֨ם ׀ מַשְׁכִּ֥ימֵי ק,וּם֮ מְאַחֲרֵי-שֶׁ֪בֶת אֹ֫כְלֵ֥י לֶ֣חֶם הָעֲצָבִ֑ים כֵּ֥ן יִתֵּ֖ן לִֽידִיד֣וֹ שֵׁנָֽא׃Sháv lajém mashkiméi qum, meajaréi-shévét ojléi léjem haatzavím, kén yittén liyididó sheiná.Por demás os es levantaros de madrugada, y tarde reposar, y comer pan de dolores; pues que a Su amado dará el sueño.
3הִנֵּ֤ה נַחֲלַ֣ת יְהוָ֣ה בָּנִ֑ים שָׂכָ֖ר פְּרִ֣י הַבָּֽטֶן׃Hinnéh najalát Adonái baním, sájár perí habbáṭen.He aquí, herencia de Adonai son los hijos; recompensa es el fruto del vientre.
4כְּחִצִּ֣ים בְּיַד-גִּבּ֑וֹר כֵּ֝֗ן בְּנֵ֣י הַנְּעוּרִֽים׃Kejitzzím beyád-guibbór, kén benéi hanneúrím.Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud.
5אַשְׁרֵ֤י הַגֶּ֨בֶר ׀ אֲשֶׁר-מִלֵּ֥א אֶת-אַשְׁפָּת֖וֹ מֵהֶ֑ם לֹא-יֵבֹ֥שׁוּ כִּֽי-יְדַבְּר֥וּ אֶת-אוֹיְבִ֥ים בַּשָּֽׁעַר׃Ashréi haguéver ashér-millé et-ashpató mehém; ló-yevóshu ki-yedabbéru et-oyevím bashsháar.Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.

Comentario breve

El Salmo 127 es una pieza maestra de sabiduría que nos recuerda la centralidad de la soberanía divina en los esfuerzos humanos. Atribuido a Salomón, el salmo comienza con una advertencia contra el activismo desmedido que ignora la Fuente de toda edificación y vigilancia. No es que el esfuerzo humano sea innecesario, sino que sin la impronta de Adonai, cualquier labor —ya sea la construcción de una casa o la protección de una ciudad— carece de fundamento real. El salmista critica el "pan de dolores" (léjem haatzavím), esa ansiedad que nos hace madrugar y trasnochar como si el éxito dependiera exclusivamente de nuestra fatiga. La respuesta a esta ansiedad es el descanso profundo que Adonai concede a sus "amados" (yididó). En la segunda parte, el enfoque cambia del trabajo a la familia, describiendo a los hijos como una "herencia de Adonai" y "saetas" que el padre lanza hacia el futuro. El "hombre bienaventurado" es aquel que, al tener una descendencia que lo apoya, puede enfrentar las disputas y desafíos sociales —la "puerta" era el lugar donde se resolvían los litigios— sin temor a ser avergonzado, pues cuenta con el respaldo y la protección de su estirpe.

🔊 AUDI7