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📜 Tehilim 36 / Salmo 36

La maldad del inicuo frente a la infinita bondad de Adonai

🔊 Audio del Salmo 36

# Hebreo Transliteración Sefardí Español
1 לַמְנַצֵּחַ לְעֶבֶד־יְהוָה לְדָוִד׃ Lamnatséaj le'éved-Adonái ledavid. Al músico principal. Del siervo de Adonai, de David.
2 נְאֻם פֶּשַׁע לָרָשָׁע בְּקֶרֶב לִבּוֹ אֵין־פַּחַד אֱלֹהִים לְנֶגֶד עֵינָיו׃ Ne'úm pésha' larashá' beqérev libbó, ein-pajád Elohím lenéged 'eináv. La transgresión del impío dice dentro de su corazón: "No hay temor de Dios delante de sus ojos".
3 כִּי־הֶחֱלִיק אֵלָיו בְּעֵינָיו לִמְצֹא עֲוֹנוֹ לִשְׂנֹא׃ Ki-hejelíq eláv be'eináv, limtsó 'avonó lisnó. Porque se lisonjea a sí mismo en sus ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida.
4 דִּבְרֵי־פִיו אָוֶן וּמִרְמָה חָדַל לְהַשְׂכִּיל לְהֵיטִיב׃ Divré-fiv áven umirmáh, jadál lehasqíl leheitív. Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien.
5 אָוֶן יַחְשֹׁב עַל־מִשְׁכָּבוֹ יִתְיַצֵּב עַל־דֶּרֶךְ לֹא־טוֹב רָע לֹא יִמְאָס׃ Áven yajshóv 'al-mishkavó, yityatsév 'al-dérej lo-tov, ra' lo yim'ás. Maquina iniquidad en su cama; se encamina por camino no bueno; el mal no aborrece.
6 יְהוָה בְּהַשָּׁמַיִם חַסְדֶּךָ אֱמוּנָתְךָ עַד־שְׁחָקִים׃ Adonái, bashamáyim jasdejá, emunatéja 'ad-shejaqím. Oh Adonai, hasta los cielos llega Tu misericordia, y Tu fidelidad alcanza hasta las nubes.
7 צִדְקָתְךָ כְּהַרְרֵי־אֵל מִשְׁפָּטֶיךָ תְּהוֹם רַבָּה אָדָם וּבְהֵמָה תוֹשִׁיעַ יְהוָה׃ Tsidqatéja kehareré-El, mishpatéja tehóm rabbáh, adám uvehemáh toshía' Adonai. Tu justicia es como los montes de Dios; Tus juicios, abismo grande. ¡Oh Adonai, preservas al hombre y al animal!
8 מַה־יָּקָר חַסְדְּךָ אֱלֹהִים וּבְנֵי אָדָם בְּצֵל כְּנָפֶיךָ יֶחֱסָיוּן׃ Mah-yaqár jasdejá Elohím, uvné adám betsél kenaféja yejesayún. ¡Cuán preciosa, oh Dios, es Tu misericordia! Los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de Tus alas.
9 יִרְוְיֻן מִדֶּשֶׁן בֵּיתֶךָ וְנַחַל עֲדָנֶיךָ תַשְׁקֵם׃ Yirveyún middéshen béteja, venájal 'adanéja tashqém. Se saciarán de la grosura de Tu casa, y Tú los abrevarás del torrente de Tus delicias.
10 כִּי־עִמְּךָ מְקוֹר חַיִּים בְּאוֹרְךָ נִרְאֶה־אוֹר׃ Ki-'imméja meqór jayyím, be'orjá nir'éh-or. Porque contigo está la fuente de la vida; en Tu luz veremos la luz.
11 מְשֹׁךְ חַסְדְּךָ לְיֹדְעֶיךָ וְצִדְקָתְךָ לְיִשְׁרֵי־לֵב׃ Meshój jasdejá leyode'éja, vetsidqatéja leyishré-lev. Extiende Tu misericordia a los que Te conocen, y Tu justicia a los rectos de corazón.
12 אַל־תְּבוֹאֵנִי רֶגֶל גַּאֲוָה וְיַד־רְשָׁעִים אַל־תְּנִדֵנִי׃ Al-tevo'éni réguel ga'aváh, veyad-resha'ím al-tenidéni. No me alcance pie de soberbia, ni mano de impíos me sacuda.
13 שָׁם נָפְלוּ פֹּעֲלֵי אָוֶן דֹּחוּ וְלֹא־יָכְלוּ קוּם׃ Sham nafelú po'aléi áven, dojú veló-yajúlu qum. Allí cayeron los obradores de iniquidad; fueron empujados, y no podrán levantarse.

Comentario breve

El Salmo 36 presenta un contraste absoluto entre la psicología distorsionada del malvado y la magnificencia de la fidelidad divina. David comienza analizando la raíz de la iniquidad: el impío vive en una auto-ilusión constante, despojándose del temor a lo divino y justificando su maldad hasta el punto de perder la capacidad de actuar correctamente. Su vida se vuelve una maquinaria de fraude y iniquidad, incluso en la intimidad de su lecho, donde sus pensamientos se enredan en caminos perversos.

Esta descripción de oscuridad se rompe drásticamente con una de las declaraciones más líricas y expansivas de todo el libro de Tehilim. David eleva su mirada hacia lo infinito y descubre que la misericordia (Jésed) y la fidelidad (Emunáh) de Adonai no tienen límites: alcanzan hasta los cielos y superan las nubes. La justicia divina se describe como "los montes de Dios" (estabilidad firme) y sus juicios como un "abismo grande" (profundidad insondable). El salmista encuentra consuelo en la metáfora de la sombra de las alas del Eterno, bajo la cual el ser humano encuentra refugio y es saciado con los "torrentes de delicias". Esta fuente de vida divina no es una mera teoría, sino el medio por el cual el creyente "ve la luz" en medio de las tinieblas del mundo. El salmo concluye con un ruego final: preservar la integridad interior frente a la soberbia del mal, confiando en que el destino final de la iniquidad es la caída inevitable, mientras que la luz del Eterno permanece para siempre.