| 1 |
שָׁפְטֵנִי אֱלֹהִים וְרִיבָה רִיבִי מִגּוֹי לֹא־חָסִיד מֵאִישׁ־מִרְמָה וְעַוְלָה תְפַלְּטֵנִי׃ |
Shof-téni Elohím verívah riví miggóy lo-jasíd, me'ísh-mirmáh ve'avláh tefalléteni. |
Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa contra una nación impía; líbrame del hombre de engaño e iniquidad. |
| 2 |
כִּי־אַתָּה אֱלֹהֵי מָעוּזִּי לָמָה זְנַחְתָּנִי לָמָּה־קֹדֵר אֶהְלֵךְ בְּלַחַץ אוֹיֵב׃ |
Ki-áttah Elohéi ma'uzzí, lámah zenajtáni? Lámah-qodér ehléj belájats oyév? |
Porque Tú eres el Dios de mi fortaleza; ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo? |
| 3 |
שלַח־אוֹרְךָ וַאֲמִתְּךָ הֵמָּה יַנְחוּנִי יְבִיאוּנִי אֶל־הַר־קָדְשְׁךָ וְאֶל־מִשְׁכְּנוֹתֶיךָ׃ |
Sheláj-orjá va'amittéja, hémmah yan júni; yevi'úni el-hár-qodshéja ve'el-mishkenotéja. |
Envía Tu luz y Tu verdad; éstas me guiarán; me conducirán a Tu santo monte, y a Tus moradas. |
| 4 |
וְאָבוֹאָה אֶל־מִזְבַּח אֱלֹהִים אֶל־אֵל שִׂמְחַת גִּילִי וְאוֹדְךָ בְכִנּוֹר אֱלֹהִים אֱלֹהָי׃ |
Ve'avó'ah el-mizbáj Elohím, el-Él símjat quilí; ve'odjá vejinnór, Elohím Eloháy. |
Entraré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo; y Te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío. |
| 5 |
מַה־תִּשְׁתּוֹחֲחִי נַפְשִׁי וּמַה־תֶּהֱמִי עָלָי הוֹחִילִי לֵאלֹהִים כִּי־עוֹד אוֹדֶנּוּ יְשׁוּעֹת פָּנַי וֵאלֹהָי׃ |
Mah-tishtojají nafshí, umah-téhemí 'aláy? Jojíli l'Elohím, ki-'ód odénnu, yeshu'ót panáy v'Eloháy. |
¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, ¡salvación mía y Dios mío! |
Comentario breve
El Salmo 43 carece de un título formal de apertura en el texto masorético, lo que ha llevado a una antigua y sólida tradición dentro de los sabios de Israel a considerarlo como la continuación e íntima conclusión del Salmo 42. Ambos cantos comparten el mismo trasfondo geográfico y espiritual del destierro, el mismo dolor ante la burla de los adversarios y el idéntico estribillo de confrontación interior: "¿Por qué te abates, oh alma mía?".
En este breve poema, el salmista eleva una apelación jurídica al tribunal de los Cielos, exigiendo justicia frente a una "nación impía" (Goy lo-jasíd) y hombres engañadores. La solución a su noche oscura del alma se halla en una súplica profética de redención: "Envía Tu luz y Tu verdad". Estos dos atributos divinos actúan como guías celestiales que rescatan al desterrado de la bruma del sufrimiento para reconducirlo a su verdadero hogar: el Monte Santo y los Tabernáculos de Jerusalem. El punto culminante del salmo es la visión esperanzadora de volver a traspasar el umbral sagrado, presentarse ante el Altar y tañer el arpa con júbilo en honor al Creador. Al concluir repitiendo el estribillo de auto-consuelo, el salmista sella la lección de que el alma fiel puede superar la desesperación transitoria al enfocar su mirada en la certeza del reencuentro con la Presencia Divina.