| # | Hebreo | Transliteración | Español |
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| 1 | יֹשֵׁב_ בְּסֵ֣תֶר עֶלְי֑וֹן בְּצֵ֥ל שַׁ֝דַּ֗י יִתְלוֹנָֽן׃ | Yoshév beséter Elyón, betzél Shaddái yitlonán. | El que habita al amparo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. |
| 2 | אֹמַ֗ר לַֽיהֹוָ֥ה מַחְסִ֥י וּמְצוּדָתִ֑י אֱ֝לֹהַ֗י אֶבְטַח־בּֽוֹ׃ | Omár l'Adonái majsí umtzudatí, Elohái evtaj-bo. | Diré yo a Adonai: Refugio mío y fortaleza mía; mi Dios, en Quien confío. |
| 3 | כִּ֤י ה֣וּא יַ֭צִּילְךָ מִפַּ֥ח יָק֗וּשׁ מִדֶּ֥בֶר הַוּֽוֹת׃ | Ki hú yatzilejá mippáj yakúsh, middéver havvót. | Ciertamente Él te librará de la trampa del cazador, de la peste destructora. |
| 4 | בְּאֶבְרָת֨וֹ ׀ יָ֤סֶךְ לָ֨ךְ וְתַֽחַת־כְּנָפָ֥יו תֶּחְסֶ֑ה צִנָּ֖ה וְֽסֹחֵרָ֥ה אֲמִתּֽוֹ׃ | Beevrató yásej láj, vetájat-kenafáv tejseh, tzinnáh vesojeráh amittó. | Con Sus plumas te cubrirá, y debajo de Sus alas estarás seguro; escudo y armadura es Su verdad. |
| 5 | לֹא־תִ֭ירָא מִפַּ֣חַד לָ֑יְלָה מֵ֝חֵ֗ץ יָע֥וּף יוֹמָֽם׃ | Lo-tirá mippájad láylah, mejétz yaúf yomám. | No temerás el terror de la noche, ni la saeta que vuele de día, |
| 6 | מִ֭דֶּבֶר בָּאֹ֣פֶל יַהֲלֹ֑ךְ מִ֝קֶּ֗טֶב יָשׁ֥וּד צָהֳרָֽיִם׃ | Middéver baófel yahalój, mikkétev yashúd tzahoráyim. | ni la pestilencia que ande en la oscuridad, ni la destrucción que devaste enconadamente al mediodía. |
| 7 | יִפֹּ֤ל מִצִּדְּךָ֨ ׀ אֶ֤לֶף וּרְבָבָ֨ה מִימִינֶ֑ךָ אֵלֶ֖יךָ לֹ֥א יִגָּֽשׁ׃ | Yippól mitziddejá élef, urvaváh miyminejá, eléija ló yiggásh. | Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará. |
| 8 | רַק_ בְּעֵינֶ֥יךָ תַבִּ֑יט וְשִׁלֻּמַ֖ת רְשָׁעִ֣ים תִּרְאֶֽה׃ | Rak beeinéija tabbít, veshillumát reshaím tiréh. | Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos. |
| 9 | כִּֽי־אַתָּ֥ה יְהֹוָה֮ מַחְסִ֑י עֶלְי֗וֹן שַׂ֣מְתָּ מְעוֹנֶֽךָ׃ | Ki-áttah Adonái majsí, Elyón sámta meonéja. | Porque Tú has puesto a Adonai, Quien es mi refugio, al Altísimo, por tu habitación, |
| 10 | לֹֽא־תְאֻנֶּ֤ה אֵלֶ֨יךָ רָעָ֑ה וְ֝נֶ֗גַע לֹא־יִקְרַ֥ב בְּאָהֳלֶֽךָ׃ | Lo-teunnéh eléija raáh, venéga lo-yikráv beoholejá. | no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. |
| 11 | כִּ֣י מַ֭לְאָכָיו יְצַוֶּה־לָּ֑ךְ לִskipְמָרְךָ֖ בְּכָל־דְּרָכֶֽיךָ׃ | Ki malajáv yetzavvej-láj, lishmorjá bejól-drajeíja. | Pues a Sus ángeles encomendará cerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. |
| 12 | עַל־כַּפַּ֥יִם יִשָּׂא֑וּנְךָ פֶּן־תִּגֹּ֖ף בָּאֶ֣בֶן רַגְלֶֽךָ׃ | Al-kappáyim yissaúnja, pen-tiggóf baéven raglejá. | En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. |
| 13 | עַל־שַׁ֤חַל וָפֶ֨תֶן֙ תִּדְרֹ֔ךְ תִּרְמֹ֥ס כְּפִיר_ וְתַנִּֽין׃ | Al-shájal vaféten tidrój, tirmós kfír vetannín. | Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón. |
| 14 | כִּ֤י בִ֣י חָ֭שַׁק וַאֲפַלְּטֵ֑הוּ אֲשַׂגְּבֵ֖הוּ כִּֽי־יָדַ֥ע שְׁמִֽי׃ | Ki ví jáshaq vaafallētéhu, asagvevéhu ki-yadá shemí. | «Por cuanto en Mí ha puesto su amor, Yo también lo libraré; lo pondré en alto, por cuanto ha conocido Mi Nombre. |
| 15 | יִקְרָאֵ֨נִי֙ וְאֶֽעֱנֵ֔הוּ עִמּֽוֹ־אָנֹכִ֥י בְצָרָ֑ה אֲחַלְּצֵ֖הוּ וַאֲכַבְּדֵֽהוּ׃ | Yikraéni veeenéhu, immó-anójiy vetzaráh, ajallētzeíhu vaajabbedéhu. | Me invocará, y Yo le responderé; con él estaré Yo en la angustia; lo libraré y lo glorificaré. |
| 16 | אֹ֣רֶךְ יָ֭מִים אַשְׂבִּיעֵ֑הוּ וְ֝אַרְאֵ֗הוּ בִּֽישׁוּעָתִֽי׃ | Órej yamím asbiéhu, vearéhu biyshuatí. | De larga vida lo saciaré, y le mostraré Mi salvación». |
Comentario breve
El Salmo 91 es uno de los pilares monumentales del consuelo y la protección mística dentro de Tehilim, conocido en la tradición de los sabios como el Shir Shel Pegaím (el Cántico de los Encuentros o Plegaria contra las Adversidades). Aunque no posee un título explícito en el texto masorético, el Talmud lo atribuye espiritualmente a Moisés, funcionando como una continuación temática de la fragilidad expuesta en el Salmo anterior. El poema describe un sistema inmune espiritual absoluto para el justo que decide habitar en la intimidad y el "secreto" del Altísimo, amparado bajo la sombra de las alas de Adonai. A través de poderosas imágenes visuales, el salmista asegura inmunidad frente a saetas diurnas, pestilencias nocturnas, celadas invisibles y fuerzas hostiles de la naturaleza. El salmo culmina con un oráculo sublime donde habla la propia Voz del Creador, decretando que el amor fiel, la invocación sincera y el conocimiento real de Su Nombre activan la redención, el honor y la trascendencia de una vida plena.