| # | Hebreo | Transliteración | Español |
|---|---|---|---|
| 1 | מִזְמ֥וֹר שִׁ֗יר לְי֥וֹם הַשַּׁבָּֽת׃ | Mizmór shír leyóm haShabbát. | Salmo. Cántico para el día de Shabat. |
| 2 | ט֗וֹב לְהֹד֥וֹת לַיהֹוָ֑ה וּלְזַמֵּ֖ר לְשִׁמְךָ֥ עֶלְיֽוֹן׃ | Tov lehodót l'Adonái, ulzammer lishmejá Elyón. | Bueno es dar gracias a Adonai, y cantar salmos a Tu Nombre, oh Altísimo; |
| 3 | לְהַגִּ֣יד בַּבֹּ֣קֶר חַסְדֶּ֑ךָ וֶ֝אֱמֽוּנָתְךָ_ בַּלֵּילֽוֹת׃ | Lehaggíd babbóker jasdéja, veemunatjá balleilót. | anunciar por la mañana Tu misericordia, y Tu fidelidad por las noches, |
| 4 | עֲלֵי־עָ֭שׂוֹר וַעֲלֵי־נָ֑בֶל עֲלֵ֥י הִ֝גָּי֗וֹן בְּכִנּֽוֹר׃ | Aléi-asór vaaléi-nável, aléi higgayón bejinnór. | en instrumento de diez cuerdas y en el salterio, con tono solemne en el arpa. |
| 5 | כִּ֤י שִׂמַּחְתַּ֣נִי יְהֹוָ֣ה בְּפָעֳלֶ֑ךָ בְּמַעֲשֵׂ֖ה יָדֶ֣יךָ אֲרַנֵּֽן׃ | Ki simmajtáni Adonái befaoléja, bemaaséh yadéija arannén. | Porque me has alegrado, oh Adonai, con Tus hechos; en las obras de Tus manos me gozaré. |
| 6 | מַה־גָּדְל֣וּ מַעֲשֶׂ֣יךָ יְהֹוָ֑ה מְ֝אֹ֗ד עָמְק֥וּ מַחְשְׁבֹתֶֽיךָ׃ | Mah-gadlú maaséija Adonái, meód amkú majshevotéija. | ¡Cuán grandes son Tus obras, oh Adonai! Muy profundos son Tus pensamientos. |
| 7 | אִֽישׁ־בַּ֭עַר לֹ֣א יֵדָ֑ע וּ֝כְסִ֗יל לֹא־יָבִ֥ין אֶת־זֹֽאת׃ | Ísh-báar ló yedá, ujzíl ló-yavín et-zōt. | El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto: |
| 8 | בִּפְרֹ֤חַ רְשָׁעִ֨ים ׀ כְּמ֥וֹ עֵשֶׂב_ וַ֭יָּצִיצוּ כָּל־פֹּ֣עֲלֵי אָ֑וֶן לְהִשָּׁמְדָ֥ם עֲדֵי־עַֽד׃ | Bifróaj reshaím kemó ésev vayyatzítzu kol-póalei áven, lejishamdám adéi-ád. | Cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos para siempre. |
| 9 | וַאַתָּ֥ה מָר֕וֹם לְעֹלָ֖ם יְהֹוָֽה׃ | Vaáttah maróm leolám Adonái. | Mas Tú, oh Adonai, eres excelso para siempre. |
| 10 | כִּ֤י הִנֵּ֨ה אֹיְבֶ֨יךָ ׀ יְהֹוָ֗ה כִּֽי־הִנֵּ֣ה אֹיְבֶ֣יךָ יֹאבֵ֑דוּ יִ֝תְפָּרְד֗וּ כָּל־פֹּ֥עֲלֵי אָֽוֶן׃ | Ki hinnéh oyevéija Adonái, ki hinnéh oyevéija yoúvedu, yitparedú kol-póalei áven. | Porque he aquí Tus enemigos, oh Adonai, porque he aquí Tus enemigos perecerán; serán dispersados todos los que hacen iniquidad. |
| 11 | וַתָּ֣רֶם כִּרְאֵ֣ים קַרְנִ֑י בַּ֝לֹּתִ֗י בְּשֶׁ֣מֶן רַעֲנָֽן׃ | Vattárem kirém karní, ballótiy beshémen raanán. | Pero Tú exaltarás mi poder como el del buey salvaje; seré ungido con aceite fresco. |
| 12 | וַתַּבֵּ֥ט עֵינִ֨י֙ בְּשׁוּרָ֔י בַּקָּמִ֥ים עָלַ֛י מְרֵעִ֖ים תִּשְׁמַ֥עְנָה אָזְנָֽי׃ | Vattabbét einí beshurái, bakkamím alái mereím tishmánah oznái. | Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; oirán mis oídos de los malhechores que se levantaron contra mí. |
| 13 | צַ֭דִּיק כַּתָּמָ֣ר יִפְרָ֑ח כְּאֶ֖רֶז בַּלְּבָנ֣וֹן יִשְׂגֶּֽה׃ | Tzaddík kattamár yifráj, k'érez balLvanón yisguéh. | El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. |
| 14 | שְׁ֭תוּלִים בְּבֵ֣ית יְהֹוָ֑ה בְּחַצְר֖וֹת אֱלֹהֵ֥ינוּ יַפְרִֽיחוּ׃ | Shtulím bevét Adonái, bejatzrót Elohéinu yafríju. | Plantados en la Casa de Adonai, en los atrios de nuestro Dios florecerán. |
| 15 | ע֭וֹד יְנוּב֨וּן בְּשֵׂיבָ֑ה דְּשֵׁנִ֖ים וְרַעֲנַנִּ֥ים יִהְיֽוּ׃ | Ōd yenuvún beseiváh, deshením veraananním yihyú. | Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y rebosantes de savia, |
| 16 | לְ֭הַגִּיד כִּֽי־יָשָׁ֣ר יְהֹוָ֑ה צוּרִ֕י וְלֹֽא־עַוְלָ֥תָה (וְלֹֽא־עַוְלָ֥תָ) בּֽוֹ׃ | Lehaggíd ki-yashár Adonái, tzurí veló-avlátaj bo. | para anunciar que Adonai es recto; Él es mi roca, y en Él no hay injusticia. |
Comentario breve
El Salmo 92 ostenta una dignidad litúrgica altísima, siendo el único poema de todo Tehilim dedicado explícitamente al Shabat (Mizmór shír leyóm haShabbát). Los sabios enseñan que este canto no solo celebra el descanso físico semanal, sino que alude al reposo cósmico espiritual y a la era de la redención final. El poema contrasta con notable belleza la percepción superficial del necio frente a la visión profunda del justo: mientras que el malvado florece de forma efímera como la hierba del campo destinada a disolverse, el tzaddík (justo) es comparado con la palmera y el majestuoso cedro del Líbano. Estos árboles sagrados, arraigados firmemente en los atrios de la Casa de Adonai, desafían el desgaste del tiempo terrenal, garantizando que el ser humano que deposita su fidelidad en el Creador mantendrá su vigor, frescura y capacidad de fructificar incluso en la vejez, testificando ante el mundo la rectitud absoluta de su Roca.