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📜 Tehilim 23 / Salmo 23

El cántico de la confianza absoluta: Adonai es mi Pastor

🔊 Audio del Salmo 23

# Hebreo Transliteración Sefardí Español
1 מִזְמוֹר לְדָוִד יְהוָה רֹעִי לֹא אֶחְסָר׃ Mizmór ledavíd, Adonái ro'í lo ejsár. Salmo de David. Adonai es mi pastor; nada me faltará.
2 בִּנְאוֹת דֶּשֶׁא יַרְבִּיצֵנִי עַל־מֵי מְנֻחוֹת יְנַהֲלֵנִי׃ Bin'ót déshe yarbitséni, 'al-mé menujót yenahaléni. En prados de tiernos pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce.
3 נַפְשִׁי יְשׁוֹבֵב יַנְחֵנִי בְמַעְגְּלֵי־צֶדֶק לְמַעַן שְׁמוֹ׃ Nafshí yeshovév, yanjéni vem'asgelé-tsédeq lemá'an shemó. Conforta mi alma; me guía por sendas de justicia por amor de Su nombre.
4 גַּם כִּי־אֵלֵךְ בְּגֵיא צַלְמָוֶת לֹא־אִירָא רָע כִּי־אַתָּה עִמָּדִי שִׁבְטְךָ וּמִשְׁעַנְתֶּךָ הֵמָּה יְנַחֲמֻנִי׃ Gam ki-eléj begé tsalmávet lo-irá ra' ki-attáh 'immadí, shivtejá umish'antéja hémmah yenajamúni. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento.
5 תַּעֲרֹךְ לְפָנַי שֻׁלְחָן נֶגֶד צֹרְרָי דִּשַּׁנְתָּ בַשֶּׁמֶן רֹאשִׁי כּוֹסִי רְוָיָה׃ Ta'arój lefanáy shulján néged tsoreráy, dishánta vashémen roshí, kosí revayáh. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; ungiste mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
6 אַךְ טוֹב וָחֶסֶד יִרְדְּפוּנִי כָּל־יְמֵי חַיָּי וְשַׁבְתִּי בְּבֵית־יְהוָה לְאֹרֶךְ יָמִים׃ Aj tov vajésed yirdefúni kol-yemé jayáy, veshavtí bevéth-Adonái le'órej yamím. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la Casa de Adonai moraré por largos días.

Comentario breve

El Salmo 23 es, sin duda, la expresión más universal y sublime de emunáh (fe y confianza pura) contenida en Tehilim. Escrito desde la perspectiva de alguien que conoce profundamente la labor del pastoreo, el rey David utiliza esta analogía campestre para ilustrar la providencia íntima, constante y protectora de Hashem sobre cada alma.

El poema se estructura en dos metáforas bellamente entrelazadas: el Pastor y el Anfitrión. En la primera mitad, el creyente es como una oveja guiada pacientemente hacia la paz de los pastos y el sosiego de las aguas. Incluso al atravesar el "Gue Tsalmávet" (el valle de sombra de muerte), que tipifica los momentos más oscuros de crisis, persecución o enfermedad, el temor se disipa ante la certeza de la Presencia Divina, simbolizada por la vara que defiende y el cayado que encauza. En la segunda mitad, la metáfora se eleva: Hashem se convierte en un generoso Anfitrión que colma de dignidad al suplicante frente a sus adversarios, ungiendo su cabeza y haciendo rebosar su copa de bendición. El salmo no concluye con un anhelo de bienes materiales, sino con el deseo supremo de habitar espiritualmente en la Casa de Adonai a lo largo de toda la existencia.