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📜 Tehilim 39 / Salmo 39

La brevedad de la vida y el silencio ante el Creador

🔊 Audio del Salmo 39

# Hebreo Transliteración Sefardí Español
1 לַמְנַצֵּחַ לִידוּתוּן מִזְמוֹר לְדָוִד׃ Lamnatséaj liYedutún mizmor ledavid. Al músico principal, a Jedutún. Salmo de David.
2 אָמַרְתִּי אֶשְׁמְרָה דְרָכַי מֵחֲטוֹא בִלְשׁוֹנִי אֶשְׁמְרָה לְפִי מַחְסוֹם בְּעֹד רָשָׁע לְנֶגְדִּי׃ Amárti: eshmráh derajáy mejató vilshoní, eshmráh lefi majsóm, be'ód rashá' lenegdí. Dije: "Guardaré mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, mientras el impío esté delante de mí".
3 נֶאֱלַמְתִּי דוּמִיָּה הֶחֱשֵׁיתִי מִטּוֹב וּכְאֵבִי נֶעְכָּר׃ Ne'elámti dumiyyáh, hejeshéiti mittov, uje'eví ne'kár. Enmudecí de silencio; me abstuve aun de hablar bien; y se agravó mi dolor.
4 חַם־לִבִּי בְּקִרְבִּי בַּהֲגִיגִי תִבְעַר־אֵשׁ דִּבַּרְתִּי בִּלְשׁוֹנִי׃ Jam-libbí beqirbí, bahaguigí tiv'ar-esh, dibbárti bilshoní. Se calentó mi corazón dentro de mí; mientras meditaba, se encendió un fuego, y dije con mi lengua:
5 הוֹדִיעֵנִי יְהוָה קִצִּי וּמִדַּת יָמַי מַה־הִיא אֵדְעָה מֶה־חָדֵל אָנִי׃ Hodí'eni Adonái qitsí, umiddát yamáy mah-hí, ed'áh meh-jadél ani. "Hazme saber, oh Adonai, mi fin, y cuál es la medida de mis días; sépame yo cuán frágil soy".
6 הִנֵּה טְפָחוֹת נָתַתָּה יָמַי וְחֶלְדִּי כְאַיִן נֶגְדֶּךָ אַךְ כָּל־הֶבֶל כָּל־אָדָם נִצָּב סֶלָה׃ Hinnéh tefajót natátta yamáy, vejeldí ke'áyin negdéja, aj kol-hével kol-adám nitssáv seláh. He aquí, diste a mis días términos cortos, y mi edad es como nada delante de Ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Selah.
7 אַךְ־בְּצֶלֶם יִתְהַלֶּךְ־אִישׁ אַךְ־הֶבֶל יֶהֱמָיוּן יִצְבֹּר וְלֹא־יֵדַע מִי־אֹסְפָם׃ Aj-betssélem yithalléj-ish, aj-hével yehemayún, yitsbór veló-yéd'a mi-osfám. Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.
8 וְעַתָּה מַה־קִּוִּיתִי אֲדֹנָי תּוֹחַלְתִּי לְךָ הִיא׃ Ve'attáh mah-qivvíti Adonái? Tojaltí lejáh hí. Y ahora, oh Adonai, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en Ti.
9 מִכָּל־פְּשָׁעַי הַצִּילֵנִי חֶרְפַּת נָבָל אַל־תְּשִׂימֵנִי׃ Mikkól-fesha'áy hatsiléni, jerpát navál al-tesiménni. Líbrame de todas mis transgresiones; no me pongas por oprobio del insensato.
10 נֶאֱלַמְתִּי לֹא אֶפְתַּח־פִּי כִּי אַתָּה עָשִׂיתָ׃ Ne'elámti lo eftáj-pi, ki áttah 'asíta. Enmudecí, no abrí mi boca, porque Tú lo hiciste.
11 הָסֵר מֵעָלַי נִגְעֶךָ מִתִּגְרַת יָדְךָ אֲנִי כָלִיתִי׃ Hasér me'aláy nig'éja, mittigrát yadejá aní jalíti. Quita de sobre mí Tu azote; por el golpe de Tu mano estoy consumido.
12 בְּתוֹכָחוֹת עַל־עָוֹן יִסַּרְתָּ אִישׁ וַתֶּמֶס כָּעָשׁ חֲמוּדוֹ אַךְ הֶבֶל כָּל־אָדָם סֶלָה׃ Betojajót 'al-'avón yissárta ish, vattémes ka'ásh jamudó, aj hével kol-adám seláh. Con castigos por la iniquidad corriges al hombre, y haces consumir como polilla lo más preciado de él; ciertamente vanidad es todo hombre. Selah.
13 שִׁמְעָה־תְפִלָּתִי יְהוָה וְשַׁוְעָתִי הַאֲזִינָה אֶל־דִּמְעָתִי אַל־תֶּחֱרַשׁ כִּי גֵר אָנֹכִי עִמָּךְ תּוֹשָׁב כְּכָל־אֲבוֹתָי׃ Shim'áh-tefillatí Adonái, veshaw'atí ha'azínah, el-dim'atí al-tejerásh, ki guér anojí 'immá, tosháv kejol-avotáy. Escucha mi oración, oh Adonai, y escucha mi clamor; no calles ante mis lágrimas; porque forastero soy para Ti, peregrino, como todos mis padres.
14 הָשַׁע מִמֶּנִּי וְאַבְלִיגָה בְּטֶרֶם אֵלֵךְ וְאֵינֶנִּי׃ Hashá' miménni ve'avligáh, betérem eléj ve'inénni. ¡Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y deje de existir!

Comentario breve

El Salmo 39 es una meditación profunda y sombría sobre la fragilidad de la vida y el misterio del sufrimiento humano ante la mirada del Eterno. David inicia con un propósito de autocontrol, intentando no pecar con su lengua ante la provocación de los impíos. Sin embargo, su silencio solo aumenta su dolor interior, hasta que el fuego de la reflexión rompe sus barreras y lo impulsa a realizar una de las plegarias más honestas de Tehilim: "Hazme saber, oh Adonai, mi fin".

El salmista utiliza imágenes impactantes para ilustrar la transitoriedad humana: el hombre es una "sombra", su vida es "nada" delante de la eternidad y su afán por acumular riquezas es, a la luz de la mortalidad, una vanidad profunda. David no busca respuestas intelectuales, sino un retorno a su única fuente de seguridad: "Y ahora, oh Adonai, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en Ti" (v. 8). Al final del salmo, su postura no es de rebelión, sino de una humildad rendida. Reconoce que su condición de "forastero y peregrino" es compartida por todos sus ancestros. El salmo concluye con una petición casi desgarradora: pide un momento de tregua o descanso ("Déjame, y tomaré fuerzas") antes de que su existencia terrenal llegue a su fin, reflejando la vulnerabilidad total de quien, aun en su máxima angustia, sabe que solo el Creador puede darle sentido al tiempo que le queda.