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📜 Tehilim 42 / Salmo 42

La sed de la presencia de Dios y el consuelo de la esperanza

🔊 Audio del Salmo 42

# Hebreo Transliteración Sefardí Español
1 לַמְנַצֵּחַ מַשְׂכִּיל לִבְנֵי־קֹרַח׃ Lamnatséaj maskíl livnéi-Qóraj. Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré.
2 כְּאַיָּל תַּעֲרֹג עַל־אֲפִיקֵי־מָיִם כֵּן נַפְשִׁי תַעֲרֹג אֵלֶיךָ אֱלֹהִים׃ Ke'ayyál ta'aróg 'al-afíqei-máyim, ken nafshí ta'aróg eléja Elohím. Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por Ti, oh Dios, el alma mía.
3 צָמְאָה נַפְשִׁי לֵאלֹהִים לְאֵל חָי מָתַי אָבוֹא וְאֵרָאֶה פְּנֵי אֱלֹהִים׃ Tsame'áh nafshí l'Elohím, le'Él jáy; matáy avó' ve'era'éh penéi Elohím? Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
4 הָיְתָה־לִּי דִמְעָתִי לֶחֶם יוֹמָם וָלָיְלָה בֶּאֱמֹר אֵלַי כָּל־הַיּוֹם אַיֵּה אֱלֹהֶיךָ׃ Haytáh-li dim'atí léjem yomám valáylah, be'amór eláy kol-hayyóm: ayyéh Elohéja? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: "¿Dónde está tu Dios?".
5 אֵלֶּה אֶזְכְּרָה וְאֶשְׁפְּכָה עָלַי נַפְשִׁי כִּי אֶעֱבֹר בַּסָּךְ אֶדַּדֵּם עַד־בֵּית אֱלֹהִים בְּקוֹל־רִנָּה וְתוֹדָה הָמוֹן חוֹגֵג׃ Élleh ezkeráh ve'eshpejáh 'aláy nafshí, ki e'evór bassáj eddaddém 'ad-béit Elohím, beqól-rinnáh vetodáh hamón joguég. Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo iba con la multitud, y la conducía hasta la Casa de Dios, con voz de alegría y de alabanza, de pueblo en fiesta.
6 מַה־תִּשְׁתּוֹחֲחִי נַפְשִׁי וַתֶּהֱמִי עָלָי הוֹחִילִי לֵאלֹהִים כִּי־עוֹד אוֹדֶנּוּ יְשׁוּעוֹת פָּנָיו׃ Mah-tishtojají nafshí vattéhemí 'aláy? Jojíli l'Elohím, ki-'ód odénnu yeshu'ót panáv. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, ¡salvación mía y Dios mío!
7 אֱלֹהַי עָלַי נַפְשִׁי תִשְׁתּוֹחָח עַל־כֵּן אֶזְכָּרְךָ מֵאֶרֶץ יַרְדֵּן וְחֶרְמוֹנִים מֵהַר מִצְעָר׃ Eloháy, 'aláy nafshí tishtojáj, 'al-ken ezkorjá me'árets Yardén vejermoním, mehár Mits'ár. Dios mío, mi alma está abatida dentro de mí; por eso me acordaré de Ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
8 תְּהוֹם־אֶל־תְּהוֹם קוֹרֵא לְקוֹל צִנּוֹרֶיךָ כָּל־מִשְׁבָּרֶיךָ וְגַלֶּיךָ עָלַי עָבָרוּ׃ Tehóm-el-tehóm qoré' leqól tsinnoréja, kol-mishbaréja vegalléja 'aláy 'aváru. Un abismo llama a otro abismo a la voz de Tus cascadas; todas Tus ondas y Tus olas han pasado sobre mí.
9 יוֹמָם יְצַוֶּה יְהוָה חַסְדּוֹ וּבַלַּיְלָה שִׁירֹה עִמִּי תְּפִלָּה לְאֵל חַיָּי׃ Yomám yetsavvéh Adonái jasdó, uvaláylah shiró 'immí, tefilláh le'Él jayyáy. De día mandará Adonai Su misericordia, y de noche Su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida.
10 אָמְרָה לְאֵל סַלְעִי לָמָה שְׁכַחְתָּנִי לָמָּה־קֹדֵר אֵלֵךְ בְּלַחַץ אוֹיֵב׃ Omráh le'Él sal'í: lámah shejajtáni? Lámah-qodér eléj belájats oyév? Diré a Dios: "Roca mía, ¿por qué Te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?".
11 בְּרֶצַח בְּעַצְמוֹתַי חֵרְפוּנִי צוֹרְרָי בְּאָמְרָם אֵלַי כָּל־הַיּוֹם אַיֵּה אֱלֹהֶיךָ׃ Béretsaj be'atsmotáy jerfúni tsoreráy, be'amrám eláy kol-hayyóm: ayyéh Elohéja? Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: "¿Dónde está tu Dios?".
12 מַה־תִּשְׁתּוֹחֲחִי נַפְשִׁי וּמַה־תֶּהֱמִי עָלָי הוֹחִילִי לֵאלֹהִים כִּי־עוֹד אוֹדֶנּוּ יְשׁוּעֹת פָּנַי וֵאלֹהָי׃ Mah-tishtojají nafshí, umah-téhemí 'aláy? Jojíli l'Elohím, ki-'ód odénnu, yeshu'ót panáy v'Eloháy. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, ¡salvación mía y Dios mío!

Comentario breve

El Salmo 42 inaugura el segundo libro de los Salmos (del 42 al 72) y es el primero de la colección atribuida a los hijos de Coré (Livnéi-Qóraj), quienes servían como cantores y guardianes en el Templo. Este poema es una de las expresiones literarias y espirituales más hermosas sobre la nostalgia espiritual y la depresión del alma desterrada de la proximidad del Santuario. La metáfora inicial es inolvidable: el alma que anhela al Dios vivo es como un ciervo exhausto que busca desesperadamente corrientes de agua en un desierto árido.

El salmista escribe desde el exilio, en la región norteña del Jordán y las cumbres del Hermón, lejos de Jerusalén. El dolor del destierro se agrava por el recuerdo melancólico de los tiempos en que lideraba las procesiones festivas hacia la Casa de Dios, un contraste desgarrador con su realidad presente, donde sus lágrimas son su único pan y sus opresores lo atormentan con la pregunta hiriente: "¿Dónde está tu Dios?". En medio del caos emocional, descrito vívidamente como un oleaje tempestuoso donde "un abismo llama a otro abismo", el autor entabla un diálogo íntimo consigo mismo. No niega su abatimiento, pero reprende a su propia alma recordándole su deber supremo: "Espera en Dios; porque aún he de alabarle". Así, el salmo enseña que la fe no es la ausencia de tristeza, sino la capacidad de aferrarse a la esperanza del retorno y a la certeza de que la bondad de Adonai se manifestará nuevamente tanto de día como de noche.