Cuando hubieres llegado a la tierra que el Eterno, tu Dios, te da, y la tuvieres en posesión, y habitares en ella, y dijeres: "pondré sobre mí un rey, como todas las naciones que están a mi alrededor",
ciertamente podrás poner sobre ti por rey a aquél que escogiere el Eterno tu Dios; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre de tierra extraña, que no fuere hermano tuyo.
Pero no ha de multiplicar para sí caballos, ni hará volver el pueblo a Egipto para multiplicar caballos; porque el Eterno os ha, dicho: "Nunca más habéis de volver por este camino".
Ni tampoco ha de multiplicar para sí mujeres, para que no se desvíe su corazón; y plata y oro no multiplicará mucho para sí.
Y cuando se sentare sobre el trono de su reino, escribirá para sí la copia de esta Ley en un libro, delante de los sacerdotes levitas;
y lo tendrá consigo y en él leerá todos los días de su vida, a fin de que aprenda a temer al Eterno, su Dios, para guardar todas las palabras de esta Ley y estos estatutos, para cumplirlos;
a fin de que su corazón no se engría sobre sus hermanos, ni se desvíe de lo ordenado ni hacia la derecha ni hacia la izquierda, para que prolongue los pías de su reino, así él como sus hijos, en medio de Israel.
Los sacerdotes levitas (con o sin defectos), de toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni herencia con Israel; de las ofrendas de fuego del Eterno y de su herencia comerán,
mas herencia no tendrán entre sus hermanos; el Eterno es su herencia, como El les tiene dicho.
Y éste será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo entre los que ofrecen sacrificio, sea buey o cordero; éstos darán al sacerdote la espaldilla y las dos quijadas, ]unto con la lengua y el buche;
las primicias de tu grano, de tu mosto y de tu aceite, como también las primicias del esquileo de tus ovejas, darás a él;
porque a él ha escogido el Eterno, tu Dios, de entre todas las tribus, para presentarse y servir en nombre del Eterno, él y sus hijos para todos los días.
Y cuando viniere el sacerdote que desciende de la tribu de Leví, de alguna de tus ciudades de entre todo Israel donde hubiere habitado, y viniere con todo el deseo de su alma al lugar que escogiere el Eterno,
entonces oficiará en el nombre del Eterno, tu Dios, como cualquiera de sus hermanos sacerdotes levitas que sirvieren allí delante del Eterno.
Iguales porciones recibirán todos ellos, excepto la parte de los patrimonios paternos que pertenecen a los sacerdotes que ya estaban allí.
Cuando entrares en la tierra que el Eterno, tu Dios, te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.
No se hallará entre los tuyos quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique la adivinación, ni pronosticador, ni adivino, ni hechicero,
ni encantador de animales, ni nigromante, ni yideonita, ni quien consulte a los muertos;
porque abominable es para el Eterno todo aquél que hace estas cosas, y por causa de estas abominaciones el Eterno, tu Dios, los destierra de delante de ti.
Perfecto serás para con el Eterno, tu Dios.
Porque estas naciones que vas a desterrar acostumbran escuchar a los pronosticadores y a los adivinos; mas en cuanto a ti, el Eterno, tu Dios, no te permitió tal cosa.
El Eterno, tu Dios, hará surgir para ti un profeta de en medio de ti, de entre tus hermanos, como yo, (en sucesivas generaciones); a él oiréis,
de acuerdo con todo lo que pediste al Eterno, tu Dios, en Horev en el día de la asamblea, diciendo: "no oiga yo otra vez la voz del Eterno, mi Dios, ni vea más este gran fuego, para que no muera".
A lo cual me dijo el Eterno: Acertaron bien en lo que han dicho;
profeta haré surgir para ellos de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo cuanto Yo le ordenare.
Y el hombre que no obedeciere a mis palabras que él hablare en mi nombre, Yo mismo le pediré cuenta de ello.
Pero el profeta que tuviere la presunción de hablar en mi nombre palabra que Yo no le haya ordenado decir, o que hablare en nombre de otros dioses, el tal profeta morirá.
Y si preguntares en tu corazón: "¿cómo podremos conocer la palabra que no ha hablado el Eterno?"
Cuando hablare un profeta en nombre del Eterno y no sucediere la cosa ni se verificare, esto es lo que no ha hablado el Eterno; con presunción lo ha hablado el tal profeta, no tengas temor de él.
Cuando el Eterno, tu Dios, haya exterminado las naciones cuya tierra el Eterno, tu Dios, te da, y las hubieres desposeído y habitares en sus ciudades y en sus casas,
separarás para ti tres ciudades en medio de la tierra que el Eterno, tu Dios, te da para heredarla;
te prepararás el camino y dividirás en tres partes el territorio de tu país que te hará heredar el Eterno, tu Dios; y esto será para que todo homicida huya hacia ahí.
Y éste es el caso del homicida que podrá huir allí y vivir: aquél que hiriere a su prójimo impensadamente, y sin tenerle enemistad previa;
y aquél que fuere con su compañero al bosque para cortar leña, y se resbalare su mano con el hacha con que iba a cortar la leña, y saltare el hierro del mango y diere en su compañero, y éste muriese; este tal huirá a una de estas ciudades y vivirá;
no sea que el vengador de la sangre persiga al homicida mientras esté enardecido su corazón, y le alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte no siendo él digno de muerte, porque no le odiaba anteriormente.
Por lo cual yo te ordeno, diciendo: separarás para ti tres ciudades;
y cuando el Eterno, tu Dios, ensanchare tus términos, como tiene apurado a tus padres, y te diere toda la tierra que prometió dar a tus padres,
con tal de que guardes todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy, para cumplirlos, amando al Eterno, tu Dios, y andando en sus caminos todos los días, entonces añadirás para ti otras tres ciudades además de estas tres.
para que no se derrame la sangre inocente en la tierra que el Eterno, tu Dios, te da por herencia, y así haya sobre ti delito de sangre.
Y cuando un hombre aborreciere a su prójimo y le armare una asechanza, y se levantare contra él y le hiriere mortalmente, de modo que muera, y huya a una de aquellas ciudades,
los ancianos de su ciudad enviarán y le tomarán de ahí y le entregarán en mano del vengador de la sangre, para que muera.
Tus ojos no tendrán compasión de él; así extirparás de Israel (la culpa por) la sangre inocente, y será bueno para ti.
No removerás el límite de la hacienda de tu prójimo que fijaron los antiguos (para disminuirlo) en la herencia que has de poseer en la tierra que el terno, tu Dios, te da en posesión.
No valdrá un solo testigo contra un hombre, por cualquier delito o por cualquier pecado, sea cual fuere el pecado que cometiere; por el testimonio de dos testigos o por el testimonio de tres testigos, se afirmará la causa.
Guando se levantaren testigos maliciosos contra alguien, para testificar contra él falsedad,
entonces los dos hombres testigos y los litigantes se presentarán delante del Eterno, o sea ante los sacerdotes y los jueces que hubiere en aquellos días;
y los jueces inquirirán bien, y si resultan falsos los testigos, y que han atestiguado falsedad contra su hermano,
haréis con ellos lo mismo que ellos pensaban hacer contra su hermano; así extirparás el mal de en medio de ti.
Y los demás oirán y temerán, y no volverán a hacer semejante maldad en medio de ti.
Y tus ojos no se compadecerán; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
Cuando salieres a la guerra contra tu enemigo y vieres caballos y carros, y gente más numerosa que tú, no has de temerlos, porque el Eterno, tu Dios, está contigo, el mismo que te hizo subir de la tierra de Egipto.
Y sucederá que cuando os acerquéis para trabar batalla, se llegará el sacerdote y hablará al pueblo,
y les dirá: Oye, oh Israel: vosotros os acercaréis hoy para pelear contra vuestros enemigos. No se ablande vuestro corazón; no temáis ni os alarméis ni os quebrantéis ante ellos;
porque el Eterno, vuestro Dios, es el que os acompaña para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros.
Y hablarán los guardias al pueblo, diciendo: ¿Quién es el hombre que ha edificado casa nueva. y no la ha estrenado? Váyase y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y otro hombre la estrene.
Y ¿quién es el hombre que ha plantado una viña y no ha gozado todavía de su primer fruto? Váyase y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y otro hombre goce su primer fruto.
Y ¿quién es el hombre que se ha desposado con mujer y no la ha tomado? Váyase y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y otro hombre la tome.
Y seguirán hablando los guardias al pueblo y dirán: ¿Quién es el hombre miedoso y de corazón blando'? Váyase y vuelva a su casa, y no derrita el corazón de sus hermanos como el corazón suyo.
Y sucederá que cuando acaben los guardias de hablar al pueblo, designarán oficiales de tropas al frente del pueblo.
Cuando te acercares a alguna ciudad para pelear contra ella, le ofrecerás la paz.
Y si ella se sometiere a la paz y te abriere sus puertas, todo el pueblo que se hallare dentro será tributario tuyo y te servirá.
Mas si no quisiere someterse a la paz y te hiciere guerra, entonces le pondrás sitio;
y al entregarla el Eterno, tu Dios, en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada;
pero las mujeres y los niños, y las bestias, con todo lo que hubiere dentro de la ciudad, todo el despojo de ella, lo saquearás para ti; y disfrutarás del despojo de tus enemigos que te haya entregado el Eterno, tu Dios.
Así harás con todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones que están aquí.
Mas de las ciudades de estos pueblos que el Eterno, tu Dios, te da en herencia, no dejarás persona con vida,
sino que ciertamente los destruirás: al hiteo, al emoreo, al cananeo, y al perizeo, al hiveo, y al yevuseo, como te ha ordenado el Eterno, tu Dios,
a fin de que no os enseñen a hacer conforme a todas las abominaciones que ellos practican con sus dioses, de manera que pequéis contra el Eterno, vuestro Dios.
Cuando sitiares alguna ciudad por muchos días, peleando contra ella para tomarla, no destruirás sus árboles alzando contra ellos el hacha, porque de ellos podrás comer; por tanto no los cortarás, pues ¿es acaso el árbol del campo hombre para que sufra las crueldades el sitio.
Solamente los árboles que tú sabes que no son árboles que dan fruto comestible, éstos podrás destruir y cortar para construir baluarte contra la ciudad que te hace guerra, hacia su rendición.
Cuando fuere hallada una persona asesinada, caída en el campo, en la tierra que el Eterno, tu Dios, te da para poseerla, y no se supiere quién la haya matado,
entonces saldrán tus ancianos y tus jueces, y desde allí medirán la distancia hasta las ciudades que estén alrededor del muerto;
y de la ciudad más próxima al muerto, tomarán los ancianos de aquella ciudad una novilla, con la cual no se ha trabajado y que no haya llevado yugo;
y los ancianos de aquella ciudad harán bajar la novilla a un torrente fuerte, cerca de un lugar que no se labrará ni se sembrará, y allí junto al torrente quebrarán la cerviz de la novilla.
Y se acercarán los sacerdotes, hijos de Leví, porque a éstos ha escogido el Eterno, tu Dios, para servirle y para bendecir en nombre del Eterno, y por su sentencia será resuelta toda controversia y toda llaga;
y todos los ancianos de aquella ciudad, los más cercanos al muerto, lavarán sus manos sobre la novilla cuya cerviz fue quebrada junto al torrente;
y protestarán y dirán: nuestras manos no derramaron esta sangre, y nuestros ojos no vieron.
(Y los sacerdotes dirán:) ¡Perdona, oh Eterno, a tu pueblo Israel, que redimiste, y no pongas culpa de la sangre inocente en medio de tu pueblo Israel! Y así el pecado de aquella sangre derramada les será perdonada,
y así tú extirparás la culpa de la sangre inocente de en medio de ti, pues harás lo que es recto a los ojos del Eterno.
Bendito seas Tu oh Eterno nuestro Dios, Rey del Universo que nos diste (Tu Torah), la Toráh de la Verdad, e implantaste en nosotros la Vida Eterna.
Bendito seas, oh Eterno, que nos concediste la Toráh. (TODOS DICEN AMEN)